Era domingo, por la tarde, y mi amigo y yo decimos salir de nuestra ciudad para variar. Cogimos el coche y nos fuimos a una ciudad cercana, a unos 20 kilómetros. La idea era ir a una cafetería que ya conocemos bien. Es muy especial, puesto que está situada en el último piso de un edificio de 12 plantas. Ocupa toda la planta, y tiene unas terrazas amplias con grandes vistas a la costa. El ambiente es muy tranquilo. Música de fondo de ascensor, cómodos sofás y una clienta que incluye tanto familias con niños como jóvenes que quedan allí para contarse cómo les fue el fin de semana.

Mi amigo y yo pasamos casi dos horas ahí sentados hasta que decidimos irnos. Antes de hacerlo, fui al baño. El baño de ese establecimiento es pequeño. La puerta de acceso da a un pequeño espacio donde está el lavabo, y dentro hay otra puerta que da al retrete. Al abrir la primera puerta, justo veo que se abre la segunda, y de él sale un chico joven, de unos 20 años. Nos quedamos mirando durante dos segundos, dos segundos que fueron suficiente para poder apreciar con detalle la belleza del chico que me observaba. Era de mi estatura, 1,80 metros, de piel morena, pelo castaño, ojos color miel, labios gruesos. Era delgado, pero su camiseta ajustada insinuaba un cuerpo fibrado y suficientemente musculado. Tenía un aspecto muy jovial; su piel transpiraba juventud, juventud masculina.

Tras esos dos segundos, cada uno hizo un gesto y un balbuceo incomprensible para hacer ver lo que pretendía cada uno: él lavarse las manos y yo entrar por la segunda puerta. Pero el espacio era muy reducido, de forma que el chico se juntó todo lo que pudo al lavabo para así dejarme espacio suficiente para pasar yo. Y así hicimos. Al pasar por detrás de él, mi cuerpo rozó el suyo, con la mala suerte de que estábamos vestidos, y no desnudos. La vida es así, nos llena de vivencias que no pueden ir a más por mucho que deseemos. Desnudos, nuestras pieles se hubiesen rozado con suavidad, sintiendo él mis vellos y yo su piel suave y firme. Su culo duro hubiese rozado mi polla erecta, y mis labios su cuello. Hubiese olido su olor a juventud, a chico sano y limpio, a masculinidad refinada. Mis manos hubiesen saboreado todas las curvas de su cuerpo proporcionado. Quizás él se hubiese girado buscando mi boca para besarnos apasionadamente hasta perder el control de nuestros sentidos….

El chico empezó a lavarse las manos y yo me encerré en el habitáculo preguntándome por qué me pasarán esas cosas que no acaban pasando. En ese momento me dije que acababa de cruzarme con un milagro de la naturaleza, pero que no iba a volverlo a ver jamás. Antes de salir a la calle, mi amigo y yo decidimos asomarnos a la terraza para contemplar las hermosas vistas. Mi sorpresa fue que justo al lado del acceso a la terraza, el chico del baño estaba sentado en uno de esos sofás. Estaba con un amigo, jugando al ajedrez. Me pareció muy simpático el hecho de que mi chico tuviese esa afición que denota personalidad e inteligencia. No sé si sería bueno o no, pero mi excitación subió dos enteros, pues no sólo me pone un chico guapo, sino también un chico que transpira inteligencia.

Por desgracia, nuestras vistas no volvieron a cruzarse. Él andaba muy concentrado en el juego que le tenía consumido, y yo, en la terraza, ignoraba la belleza del mar y el atardecer en pro de la belleza hecha carne. Quizás no vea más a ese chico, pero su recuerdo quedará guardada en este pozo de los chicos de mis sueños, que no pudieron ser, pero lo fueron en un rincón de mi imaginación….