Estas últimas semanas ha llovido más que nunca, al menos mis ojos no vieron jamás caer tanta agua del cielo y durante tanto tiempo seguido. El jueves pasado, por la tarde, era otro de estos días lluviosos, grises, oscuros y tristes. En el interior de una cafetería intentábamos un amigo y yo encontrar el calor que nos pedía el cuerpo; un café y un dulce nos ayudaban a ello. Una hora después, tuvimos que salir, paraguas en mano, para acercarnos a una tienda cercana a una zona deportiva donde muchos practican deportes al aire libre. La zona de aparcamientos que rodeaba la tienda estaba muy oscura; ninguna de las farolas iluminaba aquel espacio. Tras hacer una devolución, salimos de la tienda con prisas para llegar cuanto antes al coche, pero justo al salir hubo algo que hizo ralentizar mi marcha: a mi izquierda, bajo un techo exterior, y como animal silvestre que se protege de la lluvia, un chico de ojos grandes parecía esperar a que escampara para poder salir de allí sin mojarse. No pude evitar girar la cabeza dos veces para observarle con detenimiento, y las dos veces fueron correspondidas con otras sendas miradas de él hacia mí.
Aquel chico, de unos veinte años, venía de practicar algún deporte. Vestía un chándal azul y blanco, y bajo dicha prenda se ocultaba un cuerpo fibrado, atlético, juvenil y lleno de energía. Tenía el cabello húmedo, seguramente la lluvia le cogió por sorpresa y tuvo que hacer una escala bajo ese techo. No tenía paraguas ni ninguna prenda que le evitara calarse hasta los huesos. Con la primera mirada ya me di cuenta de que era un chico guapísimo. Moreno, grandes ojos oscuros, boca grande con labios gruesos... Con la segunda mirada ya percibí que le deseaba tener entre mis brazos.
Bajo la lluvia llegamos al coche. Una vez allí, y mientras arrancaba el coche, el chico decidió salir de aquel rincón y enfrentarse a la cruel lluvia que aquella noche quería empaparle con su humedad constante. Empezó el coche a avanzar camino de la salida del aparcamiento, y pasamos junto al chico que, casi al trote, intentaba llegar a algún destino lo antes posible. Al pasar junto a él, le dediqué otra prolongada mirada, la cual fue correspondida de nuevo. Esta vez noté en su mirada una cierta sensación de desamparo. Me miraba como rogándome que nos paráramos y le invitáramos a entrar en el coche y acercarle a su casa si no era molestia. Como en otras ocasiones, había un tercer elemento en esta historia que cancelaba cualquier posibilidad de llevar a cabo mis sueños: el amigo que me acompañaba. No sé qué hubiese ocurrido de haber estado solo en esa situación. A lo mejor no hubiese tenido el valor de parar el coche e invitarle a subir, o al menos preguntarle si necesitaba que le acercara a algún sitio. Pero algo me dice que, tras esa tercera mirada, mis pies habrían empujado el pedal del freno aunque mi habitual timidez lo hubiese desaconsejado.
Por unos momentos me vi a mí mismo conduciendo aquel coche, sin amigo al lado, y bajando la ventanilla para invitarle a subir a gritos, para que me escuchara. Me imaginé al chico subiendo, y con una amplia sonrisa en sus labios y sus ojos, agradecerme que hubiese tenido el detalle de recogerle. Yo le hubiese dicho que no pasaba nada, que tenía tiempo de sobra y que no era molestia alguna. Seguramente sus enormes ojos me hubiesen obligado a mirarle a cada rato que pudiese. Ojalá viviese en la otra punta de la ciudad, para así prolongar al máximo aquel encuentro fortuito. Me imaginaba conduciendo, y aquel chico narrándome su aventura de aquella tarde, el porqué salió sin paraguas, qué deporte practicaba, y todo aquello que se puede hablar en esas circunstancias. Pero seguro que hubiese habido otra conversación: el existente entre nuestras miradas, con unos ojos intentando captar cada detalle, declarando cada intención en cada parpadeo, deseando retratar de por vida la belleza que se contemplaba...
Al llegar a la dirección indicada, me lo imagino agradeciéndome el favor y, tras un breve titubeo, invitándome a pasar a su casa y tomarme algo caliente. Si me lo hubiese pedido, por nada del mundo le hubiese dicho que no. Me lo imaginé diciéndome que sus padres no volverían hasta dos horas más tarde, y que así no tenía que sentirme incómodo. Una vez en su casa, y con la excusa de su ropa empapada, me hubiese dicho que le esperara en la salita, que él iba a pegarse una ducha caliente. Pero justo tras decir esto, y antes de salir de la habitación, me hubiese dedicado una última mirada, con una leve sonrisa de Gioconda, invitándome a tomar la decisión de decidir si aquella tarde iba a ocurrir algo especial entre los dos.
El sonido de la ducha me llegaba con claridad, con lo cual deduje que aquel chico cuyo nombre aún desconocía, había dejado la puerta del baño abierta. Como un explorador que sabe que va a encontrar un tesoro, me fui acercando al sonido del agua caer... sabiendo que bajo esas gotas calientes de agua se encontraba un chico desnudo, deseoso de tenerme a su lado, compartiendo el vaho que se producía y que empañaba el inmenso cristal de aquel baño. Entré, y a cada paso me desprendía de una prenda, hasta llegar a la bañera que ocultaba una cortina azul completamente desnudo. Asomé la cabeza, y lo primero que observé fue la inmensa erección que coronaba su pelvis. Alcé la mirada, y sus inmensos ojos me sonreían, aunque sus labios permanecían serios, seductores, entre abiertos... Entré en la bañera, y no tardó en darme la bienvenida con un abrazo sincero, reposando su cabeza sobre mi cuello, y sus manos acariciando mi espalda. Nos miramos un buen rato, mientras nuestras pollas se golpeaban allá abajo. Él dejó escapar una sonrisa, y aquello fue el pistoletazo de salida para que empezáramos a comernos a besos bajo el agua caliente.
Mis manos estaban distraídas explorando su cuerpo, cada curva del mismo era saboreada por ellas con entusiasmo. Tenía un cuerpo duro, pero muy suave. Su culo duro y para fuera daba muestra de las muchas horas que ha debido pasar practicando su deporte favorito. Yo no tenía un gran cuerpo que ofrecerle, pero parecía disfrutar sobremanera del vello que me acompañaba. No sé quién de los dos estaba más excitado, pero ambos disfrutábamos por igual de aquel momento mágico surgido por una lluvia y por un paraguas que se quedó olvidado en casa. No hubo rincón de su cuerpo que no hubiese sido recorrido por mi lengua, y creo que me había tragado la mitad del agua que salió aquella tarde de la ducha. Como los pantanos están ahora llenos, incluso desbordándose, no tengo reparos en decir que al menos estuvimos una hora bajo la ducha. Litros y litros de agua cálida resbalando sobre nuestros cuerpos... y no sé quién calentaba a quien, si el agua a nuestros cuerpos o nuestros cuerpos al agua.
Aquella aventura acabó con una invitación por su parte para penetrarle. Se dio la vuelta y me dijo que toda aquella redondez era mía. Apreté fuerte y nuestros seres se unieron gracias a ese divino apéndice, quizás la creación más lograda por Dios. Los jadeos se fueron mezclando con palabras recreadas en ese excitante momento, jaleando un sentimiento recién nacido, pero no por ello menor. Un empuje tras otros, una exhalación tras otra... dos cuerpos en busca del placer absoluto, que se hinchaban de excitación para acabar explotando en una riada de semen volcánico. Permanecimos abrazados y de pie, con mi polla aún en su interior, y cuando nuestros cuerpos no podían más, nos dejamos caer sobre la bañera llena de agua, y él apoyó su cuerpo sobre el mío mientras yo le rodeaba con mis brazos protectores. Y sin hablar, con los ojos cerrados, nos limitábamos a sentir nuestra mutua respiración, nuestro mutuo latir, que parecía salir de un único corazón. Aquello sólo podía ser el origen de algo único, de un sentimiento eterno, de un paraíso exclusivo para los dos... Si no fuera... porque aquello fue destrozado por el claxon del coche que conducía mi amigo. Y aquella mirada del chico bajo la lluvia se fue alejando, me temo, que para siempre.
Ayer leí este y hoy ya tienes otro relato nuevo? Bueno, el relato está muy bien y hay una sensualidad contenida, algo de platonismo, de amor imposible que todos hemos vivido.
Eso si, tienes que cuidar los detalles. Repasa y lee los textos una vez que los hayas subido al blog. Pq a veces, aún al escribirlos ycorregirlos no nos damos cuenta y luego el blog lo vemos. Por ejemplo: paraguas es siepre con s al fnal, y esto que has puesto: "A una zona de deportiva donde muchos..." ¿qué es eso de una"zona de deportiva" ? Creo que sobra la preposición o sería una "zona de hacer deporte" oa algo así...
Esos detalles hacen que un escrito parezca mejor o peor, entiendes? y la gente que no te conozca y empieza a leer y ve unos erorres así pues igual ya no sigue. Es decir, una cosa es el fondo que está muy bien, y otra es la forma, que tienes que cuidarla, repasa los textos varias veces, leelos tú en voz alta para ver como te suenan, para saber donde poner las comas y eso...
y luego cari, si quieres tener lectores, tienes que ir a darte a conocer por otros blogs. Los lectores no caen del cielo, tienes que leer tu sus blogs ydejarles comentarios y asi leeran el tuyo y te comentarán a ti. Es el viejo dicho de "Si me lees, te leo". También puede ser que no te interese que te lean y escribas para ti sólo, pero eso es mas raro...
En fin, que seguiremos leyendo los otros cuentos, cari. Bezos.
Ok, Thiago. ¡Corregido!
¡¡Dejaré más mensajes en otros blogs!!
¡¡Saludos!!